Largo Camino A Casa: El Hombre Que Halló A Su Familia 25 Años Después Usando Google Earth

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La historia de Saroo brierley realmente es digna de una película. Con tan sólo 5 años, varios desafortunados eventos lo alejaron de su familia y de su país.

Guardó con tanta fuerza y amor sus recuerdos infantiles, que 25 años después logró regresar a los brazos de su madre biológica.

 

Saroo era el tercer hijo de una humilde familia de la India. Su padre los dejó cuando su madre aún estaba embarazada de Shekila, su hermana menor.

Según le contó Brierley al Daily Mail:

Aunque suene terrible, éramos razonablemente felices. Amaba las horas que pasaba cuidando de Shekila, con su regordeta cara sonriéndome mientras jugábamos. Me encantaba cazar mariposas y luciérnagas cuando se oscurecía.

Pasaba mucho tiempo con mis hermanos, a quienes adoraba y admiraba. Pero para cuando habían cumplido 14 y 11, pasaban muy poco tiempo en casa. Vivían de su sagacidad, explorando las calles para encontrar con qué subsistir y pasando las noches en las estaciones de trenes, donde a veces ganaban comida o dinero por barrer.

Un día uno de sus hermanos, Guddu, permitió que Saroo lo acompañase a un lugar que a oídos del niño sonaba a “Berampur”. Luego de una hora de caminata, el pobre Saroo llegó exhausto a la estación.

Guddu lo dejó durmiendo en una banca mientras él se iba a buscar comida. Saroo no sabía que esa era la última vez que vería a su hermano.

 

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A Saroo lo despertó el frío de la noche. Desorientado, miró alrededor y vio a un tren muy quieto en el andén, esperando pasajeros. El niño pensó que podía estar ahí, por lo que se subió a mirar y se sentó.

El cansancio y el susto le ganaron y volvió a dormirse.

Despertó sólo con el movimiento del tren:

Todavía puedo sentir ese pánico frío que me golpeó cuando me di cuenta de que las puertas a ambos lados estaban cerradas. Estaba atrapado, con el corazón azotándome el pecho mientras corría de un extremo a otro gritando el nombre de mi hermano, rogándole que me viniera a buscar.

Cuando pudo bajarse del tren, se halló confundido entre la multitud, que además ignoraba y parecía no entender sus llantos. La estación de Calcutta estaba llena de niños pidiendo limosna, y Saroo era apenas uno más de ellos.

Luego de varios días recorriendo la estación y alimentándose de comida que encontraba en el suelo, un adolescente de la edad de su hermano Guddu se apiadó de Saroo y escuchó su historia:

No tengo idea que le hizo interesarse en mí, pero después de contarle lo que me había pasado, me llevó a la estación de policía y de ahí me enviaron al orfanato que manejaba la maravillosa Señora Sood.

Después de pasar varias semanas allí, explicó que nadie podía encontrar ‘Ginestlay’ o ‘Berampur’, pero que me estaban ofreciendo un nuevo hogar con una familia que vivía en otro país: Australia.

Resignado y aceptando que reencontrarse con su familia era imposible, aceptó ese nuevo hogar en Oceanía. A los 6 años, John y Sue Brieley lo adoptaron.

Su cambio fue gigantesco: después de haber vivido apretujado y compartiendo espacio con sus hermanos, su nuevo hogar era espacioso y tenía 4 habitaciones para 3 personas. La cocina siempre tenía comida y Saroo solía abrirlo sólo para sentir ese aire frío en su cara.

Si bien sus nuevos padres le regalaron un mapa de la India, “cuando empecé la secundaria, el mapa en la pared de mi cuarto había sido sobrepasado por posters de los Red Hot Chilli Peppers y otros de mis grupos favoritos”, cuenta.

Pronto consiguió empleo en la empresa de sus padres adoptivos, tuvo una novia y ganó muchos amigos. Sin embargo, nunca olvidó a su familia biológica.

A veces me echaba sobre la cama y trataba de enviarle mensajes telepáticos a mi madre para que supiera que estaba vivo y bien. O me visualizaba caminando por las calles de mi ciudad natal, abriendo la puerta de la casa de mi familia y viendo como dormían mi madre y Shekila.

Por muchos años, me pareció que estos paseos se quedarían en mi imaginación. Mis búsquedas por Internet en ese tiempo no dieron con nada que sonase como “Ginestlay” o ‘Berampur’. Pero entonces apareció Google Earth.

Gracias a esa plataforma, que permite examinar con detalle y a nivel de calle distintas partes del globo, logró seguir las líneas del tren de Calcutta y encontró el lugar donde se perdió.

Empezó a pasar noches en vela buscando y tratando de reconocer lugares que sólo había visto de niño. “Mi novia Lisa a veces me miraba como si estuviera loco”, asegura.

Pero fue en marzo de 2011 que los esfuerzos pagaron: reconoció una torre de agua cerca de una estación que había visto en -según recordaba- “Berampur”. Cuando estuvo seguro, miró el nombre del lugar: era la ciudad de Burhampur.

Mi corazón casi se detiene. Desde ahí arrastré el cursor por varios kilómetros siguiendo la línea del tren hasta llegar a un pueblo llamado Khandwa, que tenía un puente sobre un gran río, como uno en el que jugaba de niño.

Casi paralizado de emoción, seguí una ruta con el cursor que había hecho en mi cabeza desde que era pequeño, tantas veces que no la había olvidado.

Y tal como esperaba, seguí un laberinto de callejones y esquinas para llegar a un barrio llamado “Ganesh Talai” — tan cercano a mi pronunciación infantil de “Ginestlay” como había soñado.

La pregunta era obvia: ¿seguiría su familia en el mismo lugar, después de tanto tiempo?

Con el apoyo y comprensión de sus padres, Saroo pudo salir en busca de su familia biológica.

Una foto publicada por Evan Mead (@evsthoughtsonfilms) el

Por suerte, el camino había cambiado muy poco con el tiempo y, con la ayuda de Google Earth, pronto logró encontrar la casa de su infancia.

Pero estaba abandonada.

Quizás fue su desorientada mirada, sus ropas o un aire de extranjero que motivó a un hombre a preguntarle si podía ayudarlo. Saroo le contó su historia y le mostró algunas fotos que tenía de cuando era niño.

Sin disimular mucho su sorpresa, el hombre lo guió hacia un callejón a pocos metros, donde habían tres mujeres que interrumpieron sus actividades para mirarlos.

“Esa es tu madre”, le dijo el hombre mientras apuntaba a la mujer que se encontraba al medio.

Si bien ya no tenía la juventud que recordaba hace casi un cuarto de siglo atrás, Saroo la reconoció de inmediato por “la fina estructura de su rostro. Supe en un momento que también me había reconocido”.

https://www.instagram.com/p/BOooWSmg6TF/

Más tarde ella describió su reacción como yo no podría haberlo hecho: Dijo que estaba “sorprendida con truenos” de que su niño hubiese regresado y que su felicidad era “tan profunda como el mar”. Yo también tenía truenos en mi cabeza.

Pronto, mucha gente comenzó a aparecer de todas partes, gritando y riendo. Dos de ellos eran viejos conocidos: su hermano Kallu y su querida hermana Shekila.

Al ver que no aparecía, Saroo preguntó por Guddu. Ahí supo que su hermano mayor no había regresado la noche en que él desapareció. Sólo semanas después, su madre se habia enterado de que había caído en un tren en movimiento.

Esa noche, su madre había perdido a dos hijos al mismo tiempo.

 

Su madre siempre había tenido esperanza en que Saroo regresaría.

De hecho, Kallu se había casado y había ofrecido a su madre asilo junto a él en Burhanpur. Sin embargo, la mujer se rehusó porque Saroo podía volver.

Eventualmente, Saroo debió regresar a Australia, pero se aseguró de dejar a su madre biológica en una mejor situación económica. Ahora, el joven pretende comprarle una casa, un lugar en el que descansar y que sea realmente suyo.

Pero lo que Saroo quiere para sí, es aún más complicado:

No comencé esta búsqueda para volver a la vida que había perdido. No soy Indio. He pasado casi toda mi vida en Australia y tengo lazos allí que no pueden ser rotos. 

No tengo conflictos con la persona que soy o el lugar al que llamo mi hogar. Tengo dos familias, no dos identidades. Sé quien soy: Soy Saroo Brierley.

En noviembre de 2016 se estrenó la cinta Leon, basada en la increíble vida de Saroo. Dev Patel lo interpreta, Rooney Mara hace el papel de su novia, y Nicole Kidman actúa como Sue Brierley.

La película está basada en un libro en el que escribió sobre su ardua experiencia: “Un largo camino a casa”.

 

 

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