Se Ve Una Imagen Normal, Pero La Historia De Este Hombre Te Romperá El Corazón

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Algunas personas, sino la mayoría, tratan mal e ignoran a los indigentes. No piensan que son como el resto de nosotros, con familia y una historia detrás, con sueños y aspiraciones.

Hace poco, el fotógrafo GMB Akash quiso compartir una historia en Facebook. Se trata de Kawsar Hussain, una de las muchas personas que deben sobrevivir el día a día pidiendo limosna en la India.

 

Ésta es su historia…

Ayer, y después de dos años, por fin pude comprarle un vestido nuevo a mi hija. Al momento de pagar, el hombre de la tienda me gritó preguntándome si yo era un limosnero. Mi hija me tomó de la mano y me pidió entre lágrimas que nos fuéramos de la tienda porque ya no quería el vestido. Me sequé las lágrimas con la mano…

Y Sí, soy limosnero. Hace unos diez años nunca me hubiera imaginado que estaría en esta situación. Estaba en un autobús cuando éste cayó por un puente. Afortunadamente, logré sobrevivir pero quedé lisiado. Mi otro hijo más pequeño siempre me pregunta dónde dejé el brazo. Mi hija Sumaiya es la que me ayuda a comer todos los días. Entiende que es difícil hacer las cosas con una sola mano.  

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Y hoy, después de tanto tiempo, mi pequeña está usando su vestido nuevo; por eso la traje acá al parque para que jugara un rato. Puede que hoy no consiga plata, pero quería estar con ella. Y le pedí este teléfono móvil a mi vecino, en secreto, sin que mi esposa supiera nada. Mi hija no tiene fotos y quiero que este día le quede un recuerdo. Cuando pueda comprar un celular, tomaré muchas fotos de mis hijos. Quiero tener buenos recuerdos con ellos. Ha sido difícil mandarlos a la escuela, pero les estoy dando educación. Algunas veces no pueden hacer los exámenes porque no tengo dinero para pagarlos. Ahí se ponen tristes y les digo que a veces perdemos algunos exámenes, porque el examen más importante de todos es la vida.

Ahora voy a ir a pedir. Dejaré a mi hija en algún lugar para que me espere. Mientras esté pidiendo, la estaré cuidando desde lejos. Siente mucha vergüenza que me vean estirando la mano para pedir, pero ella nunca me dejaría solo. Ella cree que algo me podría ocurrir de nuevo, como un accidente o que un auto me atropelle y muera.

Cuando consigo un poco de dinero, volvemos a casa tomados de la mano. Pasamos al mercado y ella lleva la bolsa por mi. Y cuando llueve, nos encanta mojarnos y hablar de nuestros sueños. Y cuando no consigo nada de dinero, me devuelvo a casa en silencio. En esos días me quiero morir, pero cuando ellos me toman la mano a la hora de dormir, pienso que vale la pena seguir viviendo. Lo único malo de todo esto es tener que ver a mi hija con la cabeza gacha, esperando a que termine de pedir. Y no puedo verla a los ojos cuando lo hago. Pero hoy ha sido un día distinto, porque la veo feliz. Hoy su padre no es un limosnero, sino que un rey, y ella, mi princesa”.

 

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